lunes, 17 de septiembre de 2012

Comprar barato y vender caro.



Los dos últimos partidos para las eliminatorias Brasil 2014 nos devolvieron la esperanza a muchos que ya la habíamos perdido. Muy bien jugado, muy bien concentrados y etc. Aunque las criticas estallaron por ese penal que debió aprovecharse, la entrega del equipo hizo que la 
hinchada rebalsara de alegría, y que tomemos ese empate como un partido ganado.

Pero… ¿fue la hinchada la única que ganó? Todos sabemos que estarán ahí, que así sean los últimos minutos del partido, seguirán esperando a que se venda ese último boleto. Podremos llegar a la hora que sea, y los revendedores seguirán haciendo de las suyas, armando prácticamente una fiesta, y aprovechándose de nuestra pasión por el fútbol peruano.

¿Comprar barato y vender caro es un delito? Que tengamos la mala costumbre de dejar todo para el último minuto no debería ser pretexto para que alguien cometa un crimen, pero la verdad es que nos afecta en todos los casos y que ya no se vuelve divertido ver que una entrada, ya sea de 50 soles o de 100, triplique su valor solo por haber sido el último de la fila.

Los revendedores cometen un delito al vender boletos de un espectáculo (deportivo) sin la autorización de los organizadores, quienes siendo los mayores perjudicados no dicen ni hacen algo. La solución no está en subir el precio de las entradas, tampoco en decir que “el estadio es un lugar exclusivo” como lo hizo Roberto Castro, periodista de WillaxTv,  (http://willax.tv/deportes/el-caso-de-las-reventas) y que por ese motivo deberíamos pagar una cantidad exagerada para ver en acción a nuestro equipo favorito.

Sobre este tema ninguna autoridad ha dado la cara, nadie se ha reportado siquiera con un tweet, y es que no nos interesa en lo absoluto, estamos acostumbrados a esto, tenemos mercados ilegales, somos un país lleno de piratería, y es que ese es el negocio del momento, el que te sacará de la crisis. Peruanos acostumbrados a vender caro y comprar barato. Ejemplos para esto hay muchos, y no solo en el tema de las entradas.

Para esto podría argumentarse que los responsables de pagar estos altos precios sean los mismos aficionados, quienes aceptan y validan la compra de estos boletos, y que una vez pagado el precio oficial de esta entrada tienen derecho a hacer y deshacer con ella lo que se les plazca, venderla, regalarla o destruirla. Pero definitivamente esa no es la solución.

Hace unos meses Francia prohibió la reventa de entradas por Internet colocando una multa de hasta US$ 30.000 en caso de reincidencia estipulando que “El acceso a la cultura no debe ser un privilegio”, en nuestro país no existe leyes claras que se opongan a este tipo de infracción, a lo mucho que podemos llegar es a una pena  privativa de libertad no mayor de tres años, la que para muchos podría ser exagerada. Tomar las medidas necesarias para la solución a esta gran estafa debería ser primordial. Empecemos a hacer valer nuestros derechos, estos eventos por sí  ya son caros, pero de esta manera se vuelven inaccesibles. 

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