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hinchada rebalsara de alegría, y que tomemos ese empate como un partido ganado.
Pero… ¿fue la hinchada la única que ganó? Todos sabemos que
estarán ahí, que así sean los últimos minutos del partido, seguirán esperando
a que se venda ese último boleto. Podremos llegar a la hora que sea, y los
revendedores seguirán haciendo de las suyas, armando prácticamente una fiesta,
y aprovechándose de nuestra pasión por el fútbol peruano.
¿Comprar barato y vender
caro es un delito? Que tengamos la mala costumbre de dejar todo para el último
minuto no debería ser pretexto para que alguien cometa un crimen, pero la verdad es que nos afecta en todos los casos
y que ya no se vuelve divertido ver que una entrada, ya sea de 50 soles o de
100, triplique su valor solo por haber sido el último de la fila.
Los revendedores cometen un delito al vender boletos de un
espectáculo (deportivo) sin la autorización de los organizadores, quienes
siendo los mayores perjudicados no dicen ni hacen algo. La solución no está en
subir el precio de las entradas, tampoco en decir que “el estadio es un lugar exclusivo” como lo hizo Roberto Castro, periodista de WillaxTv, (http://willax.tv/deportes/el-caso-de-las-reventas) y que por ese motivo deberíamos pagar una cantidad exagerada para ver en
acción a nuestro equipo favorito.
Sobre este tema ninguna autoridad ha dado la cara, nadie se
ha reportado siquiera con un tweet, y es que no nos interesa en lo absoluto, estamos
acostumbrados a esto, tenemos mercados ilegales, somos un país lleno de
piratería, y es que ese es el negocio del momento, el que te sacará de la
crisis. Peruanos acostumbrados a vender caro y comprar barato. Ejemplos para
esto hay muchos, y no solo en el tema de las entradas.
Para esto podría argumentarse que los responsables de pagar
estos altos precios sean los mismos aficionados, quienes aceptan y validan la
compra de estos boletos, y que una vez pagado el precio oficial de esta entrada
tienen derecho a hacer y deshacer con ella lo que se les plazca, venderla,
regalarla o destruirla. Pero definitivamente esa no es la solución.
Hace unos meses Francia prohibió la reventa de entradas por Internet colocando una multa de hasta US$ 30.000 en caso de reincidencia estipulando
que “El acceso a la cultura no debe ser
un privilegio”, en nuestro país no existe leyes claras que se opongan a
este tipo de infracción, a lo mucho que podemos llegar es a una pena privativa de libertad no mayor de tres años,
la que para muchos podría ser exagerada. Tomar las medidas necesarias para la solución
a esta gran estafa debería ser primordial. Empecemos a hacer valer nuestros
derechos, estos eventos por sí ya son
caros, pero de esta manera se vuelven inaccesibles.

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